Angelina y la guerra: La historia detrás de In the Land of Blood and Honey

Cuando Angelina Jolie filmaba en Camboya “Tomb Raider” (2001), la película que la catapultaría como heroína de acción, empezó a escuchar testimonios de habitantes y a notar situaciones sociales que hasta ese entonces no conocía. Con tan solo veinticinco años y sin saber mucho qué podía aportar pero con ganas de hacer algo, decidió unirse al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), con el cual visitó y conoció de primera mano los testimonios y las situaciones en lugares tan diversos como Ecuador, Tailandia y Tanzania. Pero fue en Bosnia donde más se conmovió, y donde surgió la inspiración para “In the Land of Blood and Honey” (2011), su debut como escritora y directora de películas de ficción.

Jolie estuvo con refugiados y desplazados que habían sufrido las consecuencias de la guerra bosniana, la cual había surgido tras la desintegración de la República Socialista Federativa de Yugoslavia en la península de los Balcanes a principios de los 90s. Sumado a las confrontaciones entre los nuevos países conformados en el territorio yugoslavo en medio de la configuración de un nuevo mapa político, dentro de cada país hubo conflictos entre grupos étnicos y religiosos con distintas afiliaciones políticas y con ideas contrarias acerca del rumbo que debían seguir sus pueblos.

En Bosnia y Herzegovina, la situación fue particularmente grave. La Guerra de Bosnia se desarrolló entre 1992 y 1995 y fue devastadora. Más de cien mil muertos y un millón de desplazados son un fantasma que hasta hoy ronda al pueblo bosniano. Junto al genocidio y a la limpieza étnica, uno de los horrores más prominentes de la guerra bosniana consistió en las violaciones en masa que los serbios practicaban entre las mujeres musulmanas, para lo cual tenían designados unos centros de detención—verdaderos campos de violaciones—. Fue como consecuencia de los hechos de esta guerra que las violaciones sistemáticas empezaron a ser reconocidas como actos de guerra.

Por eso, una película en este contexto debía ser especialmente cuidadosa en la veracidad y verosimilitud de los hechos presentados, evitando instigar más separación en un pueblo que apenas empieza a curarse de su pasado. Y, por lo que dicen los expertos, eso es lo que ha logrado Angelina Jolie. Janine di Giovani, una de las periodistas que, en ese entonces, cubrió la guerra de Bosnia, por ejemplo, asegura que es uno de los relatos de ficción más auténticos que ha visto sobre el suceso. (Ver: “Angie goes to war”, entrevista de di Giovani a Jolie en Newsweek)

Mucho de esto tiene que ver con la manera en que Jolie decidió realizar el largometraje. Los actores elegidos nacieron todos en la región y vivieron, de una u otra manera, la guerra (una de las actrices perdió a más de veinte miembros de su familia). Una búsqueda bibliográfica que le permitió construir el contexto de la historia sin perder de vista los testimonios que conoció durante su experiencia como embajadora de ACNUR, fueron la clave para construir un guión que se sintiera auténtico y que no fuera ofensivo, lo cual era un gran riesgo teniendo en cuenta la naturaleza de la historia: la relación de un hombre serbio y una mujer bosniana que se conocen antes de la guerra cambia junto con los sucesos políticos, y una historia de amor termina convirtiéndose en una de engaños y traiciones. Alguien despistado lo describiría—como lo han hecho—como la historia de una mujer que se enamora de su torturador; pero quienes la han visto niegan que así sea.

Jolie luchó por mostrar cómo Sarajevo, antes de la guerra, era una ciudad multicultural; cómo todos se conocían con todos; y como después los vecinos que alguna vez se habían querido y habían ido juntos al colegio, empezaron a confrontarse con venganza y odio hacia sus amigos.
– Janine di Giovani

El guión, además, no estaba terminado cuando Jolie empezó el rodaje. Aunque la estructura, la historia y los diálogos más importantes estaban escritos, los detalles sobre las vidas de los personajes y sus historias personales fueron completados por los actores con sus experiencias personales y con experiencias que conocían. Y la película, que iba a ser originalmente en inglés, terminó siendo rodada tanto en inglés como en la lengua de la Yugoslavia antigua, serbo-croata.

Quienes la han visto, la describen como una película honesta y fuerte, difícil de ver por su autenticidad. El título (en español, “En la tierra de la sangre y la miel”) viene de la separación de la palabra Balkan (Balcanes) en bal y kan, que en turco significan miel y sangre. Jolie, al parecer, ha logrado poner en la historia cinematográfica un filme que muestra la desintegración de la sociedad y los horrores de una guerra que dejó manchada indeleblemente de sangre a un pueblo que quiere desesperadamente cada vez más miel.


Trailer de “In the Land of Blood and Honey”

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