Olivia de Havilland: La última heredera de Hollywood

El año pasado durante la entrega de los premios Cesar a lo mejor del cine francés, la actriz y presentadora Jodie Foster interrumpió su discurso inicial para destacar la presencia de una leyenda del cine mundial: Olivia de Havilland. En una escena que recordaba lo que ya había pasado en los premios Oscar de 2003, el público se puso de pie para aplaudir la carrera de esta actriz, la última gran estrella de la edad dorada de Hollywood, quien logró impactar la industria no solo por lo que hizo dentro de la pantalla sino también fuera de ella.

Las nominaciones y los Oscars

De Havilland, quien carecía de la belleza de las grandes estrellas de la época, logró hacerse un nombre gracias a su carisma y talento. Sus actuaciones más famosas son papeles de mujeres ingenuas y hasta un poco tontas en donde su  sonrisa y mirada ingenua eran protagonistas. Tal es el caso de su papel más famoso, Melanie Wilkes en “Gone With the Wind”. Al igual que todas las actrices de Hollywood de su época, de Havilland audicionó para el papel protagónico de esta película pero el productor David O. Selznick decidió que Olivia estaría mucho mejor interpretando a Melanie, el segundo papel femenino de la historia. Con este personaje, de Havilland consiguió la primera de sus cinco nominaciones al Oscar y, aunque terminó perdiendo contra su compañera de reparto Hattie McDaniel, Olivia quedaría para siempre ligada a Melanie y a “Gone With the Wind”.

Las otras cuatro nominaciones de Olivia se extendieron en un periodo de diez años. Después de la primera en 1939 como Mejor Actriz de Reparto por “Gone WIth the Wind”, recibió una como Mejor Actriz por “Hold Back the Down”, en donde interpreta a una dulce mujer que decide ayudar a un gigoló rumano a conseguir la entrada a Estados Unidos casándose con él. En 1948, fue nominada por la controversial “The Snake Pitt”, en la que da vida a una paciente de un hospital psiquiátrico que se ve envuelta en una historia de amor mientras trata de recordar las razones por las que está internada; esta película llevó a que se revisaran las condiciones de los manicomios en Estados Unidos.

Ninguna de estas tres nominaciones resultaron en victoria y sus dos Oscars provienen de sus actuaciones en “To Each his Own” y “The Heiress”. En la primera, Olivia interpreta a una madre soltera que se ve obligada a ver crecer a su hijo desde la distancia en medio del Londres de la Segunda Guerra Mundial, mientras que en “The Heiress” su personaje es Catherine Sloper, una joven y tímida heredera que es manipulada por su padre y el hombre que ama. Junto a “Gone With the Wind”, “The Heiress” es el trabajo más recordado de esta actriz.

El romance

Además de sus nominaciones y victorias en los Oscars, de Havilland, junto al actor Errol Flynn, formó una de las parejas cinematográficas más famosas y taquilleras de finales de los años 30.  En total, de Havilland y Flynn protagonizaron ocho películas juntos, entre ellas “Captain Blood” en 1935 y “The Adventures of Robin Hood” en 1938, dos de las películas más exitosas de esos años. Durante muchos años existieron rumores sobre si la química que ambos actores mostraban en la pantalla grande también existía fuera de ella.

Aunque Olivia siempre ha negado que existiera algo entre los dos, Flynn confesó su amor por la actriz en su autobiografía “My Wicked, Wicked Ways” publicada en 1959 unos pocos años antes de su muerte. Y solo fue hasta 2009 cuando Olivia en una entrevista al periódico británico The Independent confesó haberse sentido muy atraída hacia él.

El legado

Pero más allá de sus triunfos en la gran pantalla, quizás su mayor legado está fuera de ella, ya que gracias a su ímpetu logro cambiar para siempre la manera en la que los estudios trataban a sus actores. Hasta principios de los años 40s, los grandes estudios contrataban a los actores por largos periodos de tiempo, los cuales se iban ampliando porque no se contabilizaba el tiempo en el que un actor no estuviera grabando como parte del mismo. Este tipo de contratos impedía que los actores pudieran participar en las producciones que ellos quisieran y les quitaba control sobre sus carreras.

A mediados de los 30s, Bette Davis intento sin éxito terminar esa situación y solo fue hasta 1940 que de Havilland, con ayuda del Sindicato de Actores, interpuso una nueva demanda contra el sistema, y esta vez la Corte Suprema de Justicia de California falló a favor de la actriz en lo que es conocido como la Ley de Havilland. Con esto se inicio el final de la era de los grandes estudios y Hollywood quedó en deuda con Olivia.

Ver también: La mirada de Bette Davis

Las repercusiones de esta acción se pueden ver hasta el día de hoy, y ya no solo en la industria cinematográfica: en 2009 la banda de rock 30 Seconds to Mars utilizó esta ley para poder terminar su contrato con la disquera EMI y seguir con nuevos proyectos, algo por lo que Jared Leto agradeció públicamente a Olivia.

La rivalidad

Como una de las grandes estrellas de la edad dorada de Hollywood, Olivia no solo logró conseguir admiradores sino también detractores y rivales, siendo la más grande de ellas su hermana, la actriz Joan Fontaine. La rivalidad entre estas dos actrices es legendaria y ninguna de las dos habla mucho sobre el tema, lo que ha llevado a que surjan muchos rumores sobre las razones del distanciamiento. Dicen que la madre de ambas le prohibió a Joan utilizar el apellido familiar para no interferir con la carrera de Olivia y que, cuando en 1942 ambas estuvieron nominadas al Oscar a Mejor Actriz, Fontaine se negó a aceptar las felicitaciones de Olivia cuando se anunció que era la ganadora.

Fontaine, quien se hizo famosa en la década de los 40s por la película “Rebecca” y durante su carrera participó en producciones tan importantes como “The Constant Nymph” y “Voyage to the Bottom of the Sea” (ver online en MovieCity Play), nunca logró opacar la carrera de Olivia. Esta historia es uno de los últimos vestigios de los escándalos de aquella época en la que las divas del momento luchaban por ser quien llamara más la atención.

En los años 50s de Havilland se mudo a Francia y estableció una familia, haciendo que sus apariciones cinematográficas fueran cada vez más esporádicas, siendo su última película “The Fifth Musketeer” de 1979. A pesar de su retiro de la gran pantalla, Olivia sigue siendo reverenciada como una de las grandes actrices de la edad dorada de Hollywood y uno de los últimos vínculos al pasado de la industria que ella ayudó a transformar para siempre.

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