Chocó (2012): Reseña

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“Chocó” se debe ver con dos ojos distintos. En primer lugar, hay que dedicarse a apreciarla desde un punto de vista técnico y sensorial. Ver la belleza de este lugar de Colombia que está en el olvido y sencillamente enamorarse de él, a través de los muchos planos generales que se hacen, y acompañado de una gran banda sonora.

En segundo lugar, hay que verla enfocándose en el contenido. La lucha de una madre por conseguirle una torta de cumpleaños a su hija mientras lidia con la pérdida de su trabajo no es más que una excusa para abrir la puerta a muchos temas más, y a retratar la realidad de un lugar que está envenenado por la minería ilegal, el machismo y en el que las mujeres son, sin duda, las principales afectadas en su día a día, con impedimentos para poder trabajar y vivir.

Con los primeros ojos, se puede valorar que nada parezca gratuito y todos los elementos cumplan una función: la ropa, los diálogos y la ambientación en general logran desplazarnos a Chocó. La escenografía está especialmente diseñada para transmitir la pobreza en la que viven los protagonistas; basta con ver la pequeña casita en la que viven, de madera, probablemente construida por ellos mismos, sin habitaciones y con sólo dos camas grandes cubiertas por toldos. Además, el hecho de incluir tantos actores naturales brinda vida y realismo a la realización.

Karen Hinestroza y Esteban Copete protagonistas de Chocó

Con los segundos ojos, vemos que en “Chocó” no es casualidad que la protagonista se llama igual que el sitio en donde vive: es la representación viva de las mujeres de ese departamento. Su vida está atravesada por un machismo constante que se manifiesta a veces silenciosamente, a veces ruidosamente. En el hogar de la protagonista, la pequeña mesa que hace de comedor tiene sólo una silla y siempre la usa el hijo y no la hija, ni siquiera cuando esta cumple años. En una conversación con otra mujer, esta le cuenta a Chocó que su esposo no la deja bailar con otros hombres, mientras él puede hacerlo con quien le plazca, y a nadie le parece extraño.

“Chocó”, sin embargo, no está absuelta de fallas. Varios flashbacks presentados durante el filme sobre la fiesta en la que se conocieron la protagonista y su esposo no llegan a concretarse en nada claro que logre aportar algo a permitirnos entender mejor al personaje o a las razones de su proceder. El final, por su parte, es algo abrupto y algunos espectadores podrán quedar esperando más.

Al final, “Chocó” es una película que vale la pena ver. Es un cine arte fácil y agradable de ver, es una obra que representa el indudable crecimiento del cine colombiano. No es perfecta, pero tampoco es un desastre, y merece una buena calificación.

Puntaje: 7/10

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