Le Tableau (2011): Reseña

“Ya está. Acabas de entrar al cuadro”. Con estas palabras empieza “Le Tableau”. Quien las dice es una mujer, un pequeño personaje en una pintura que recibe al espectador que se adentra en ella. “Creerías que el tiempo se ha detenido, pero nada de eso”, continúa, y se empieza a vislumbrar la genialidad que hay detrás de la película, una historia original e ingeniosa en la que los personajes en los cuadros toman vida y crean su propio mundo.

Ver también: La Carrera: Las películas animadas de los Oscars 2013

El cuadro en el que comienza la historia tiene varios escenarios. A un lado, un castillo en el que un grupo de personajes parecen estar en un baile real. Un poco más a la derecha, debajo de la montaña, un bosque frondoso en el cual se ocultan otros personajes, y un poco más allá un jardín de flores enigmáticas al que ningún personaje parece acercarse. Dentro del cuadro hay ya todo un mundo político y social construido: los personajes del castillo se enorgullecen de estar completamente pintados y terminados, y creen un despropósito la existencia de otros que no han sido terminados de pintar (a unos les falta sólo un brochazo) y, más aún, la de los garabatos, unos personajes que son apenas bocetos que parecen haber sido un error del pintor. Tanto los casi-terminados como los garabatos y los terminados se hacen la misma pregunta: ¿dónde está el pintor? ¿Por qué no terminó de pintarlos bien a todos? ¿Volverá a terminar su trabajo?

Ante la amenaza de la esclavización y exterminación de los garabatos por parte de la oligarquía terminada de pintar, un terminado que está enamorado de una casi-terminada (en un pequeño homenaje a “Romeo y Julieta”), un garabato y una casi-terminada emprenden una aventura por fuera de su cuadro para encontrar al pintor y descubrir las razones por las que no terminó todos los personajes, y si volverá a hacerlo. En el pequeño universo de los cuadros afloran, de manera metafórica, varios de los interrogantes que han cautivado a los pensadores de la historia de la humanidad, ¿por qué hay guerras? ¿cómo surgen las diferencias sociales?, y otras más espirituales, ¿por qué estamos aquí?, y religiosas, ¿nos ha abandonado el creador?

Haciendo uso profuso de simbolismo y con un guión lleno de frases punzantes y profundas sobre la identidad y el sentido de la vida enunciadas por personajes de distintos cuadros que tienen, cada quien, su relación particular con el pintor, “Le Tableau” es una efectiva puesta en escena de estas cuestiones que, no obstante, jamás pierde su cualidad cinematográfica. El hecho de que los personajes sean pintados les da una textura particular y una naturaleza que diferencia a los de un cuadro de los de otro, y que funciona muy bien en la película. La música acompaña también a la perfección todos los momentos dándoles el toque necesario de misterio y emoción a las escenas que lo requieren.

Y aunque el final puede llegar a sentirse fuera de tono con el resto de la historia, tal vez más explícito de lo necesario, y con unas técnicas de animación que parecen sacadas de décadas atrás, se le perdona a una película animada que logra tratar grandes temas sin perder de vista el sentido de la aventura, y que sin duda puede apelar a todo tipo de público.

Calificación: 9/10

“Le Tableau” (El Cuadro) es una de las películas en el actual Festival de Cine Francés en Colombia. También en el Festival: Where Do We Go Now? (Reseña) y Declaration of War (Reseña)

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