Those Who Feel The Fire Burning (2014): Reseña

Those Who Feel The Fire Burning 2

Estamos en un bote, en medio del océano. Es oscuro y la marea no tiene piedad. Una ola nos lanza al agua mientras las personas en el bote intentan alcanzarnos, pero el mar es más poderoso que nosotros. Nos hundimos. Desde la primera escena, “Those Who Feel The Fire Burning” nos atrapa en una pesadilla, y como en una pesadilla, vamos de un lugar a otro, aparentemente sin rumbo, acompañando a personajes que entran y salen pero que tienen un sufrimiento en común.

El documental del director holandés Morgan Knibbe no podría llegar en un momento más relevante, cuando cientos de refugiados de distintos países llegan a una Europa que debate si debe o no tender su mano, y de qué forma hacerlo. Lo que hace Knibbe es de admirar: humaniza las cifras, nos recuerda que cada uno de los refugiados es una persona con una historia particular, y que de alguna forma todas estas historias han confluido en el sueño de una Europa que se ha convertido en un infierno en la Tierra para todos.

Lo que une las escenas vividas por estas personas forzadas a migrar es el relato de Europa como una pesadilla. La cámara de Knibbe entra y sale de cada escena flotando en el espacio, se acerca y se aleja de las personas, se distrae, observa con atención, y somos con ella testigos de un par de hombres añorando a las esposas que dejaron en África, a un barco entregando los cadáveres de las víctimas de un naufragio, a una mujer encontrando en la droga su único escape.

“Those Who Feel The Fire Burning” no ofrece contexto geopolítico: no sabemos de qué país llegaron los refugiados ni sabemos en qué país están, a menos de que pongamos especial atención a algunos detalles; no ofrece soluciones a la crisis mostrada; no ofrece posiciones encontradas sobre la situación; pero no pretende hacer nada de esto. Muestra la cara humana de la tragedia, o mejor, las múltiples caras humanas, y entendemos que no busca ser exhaustivo, que como éstas hay cientos, miles de historias más.

La sensibilidad del director para “empatizar” con estas personas es evidente. Su talento está en saber dónde entrar y dónde salir de escena, incluso sin entender algunos de los idiomas que hablan sus sujetos. Su debilidad está en la narración, una voz en off que piensa en voz alta sobre lo que vemos en la pantalla pero que habla más de lo necesario: las imágenes no necesitan tantas palabras para ser impactantes.

El debut en largometraje de Morgan Knibbe es sin duda emocionante, y una muestra de las posibilidades que ofrece el cine documental, en donde es cada vez más evidente que la realidad no es, y nunca será, objetiva, y será siempre más sensato apelar a las subjetividades–de los documentalistas y de los individuos.

Calificación: 7.5/10

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