Eldorado XXI (2016): Reseña

Eldorado XXI Feature

Está apenas empezando “Eldorado XXI”. Las imágenes amplias del Puno se confunden con un Ártico inhabitable antes de revelar cientos de casas escondidas entre las montañas. De repente, la cámara se queda quieta. Estática. Durante casi una hora vemos el lento anochecer sobre la entrada de una mina por donde entran y salen, en un eterno retorno, cientos y cientos de personas. En 1895, una de las primeras grabaciones en la historia del cine mostraba, durante 46 segundos, a un grupo de obreros saliendo de la fábrica de los hermanos Lumière, los inventores del cinematógrafo, en Francia. 121 años después, la portuguesa Salomé Lamas regresa a esta imagen primordial para subvertirla.

En “Eldorado XXI”, la documentalista sube a La Rinconada, el poblado permanente más alto del mundo, en Perú, y realiza una etnografía visual de la población de mineros que ha crecido desmesuradamente en los últimos años, guiados por la promesa del oro, ese mismo oro que esquivó por siglos a un puñado de expediciones europeas que llegaron al territorio americano, destruyendo tras sus pasos.

Esta etnografía visual está fundada sobre una tensión entre lo individual y lo comunal. Lamas parece entender que el debate entre estas fuerzas, ambas halando de dos extremos de una misma cuerda, es una parte elemental de la condición humana. En la primera hora de largometraje, en la toma estática de casi una hora, lo individual hala más fuerte.

Si en el breve documental de los hermanos Lumière el cineasta Harun Farocki veía la imagen de una “fuerza de trabajo” en virtud de la sincronía de las actividades obreras y el agrupamiento en un espacio limitado (la fábrica), en “Eldorado XXI” la “fuerza de trabajo” es tan difusa que hasta su existencia es cuestionable. Los obreros entran y salen de la mina sin ningún orden aparente; está anocheciendo pero eso no quiere decir que la jornada laboral haya acabado. No hay jornada laboral establecida, no hay sueldos fijos, no hay jefes. El orden del que se jacta el mundo industrial ha desaparecido.

En este sentido, la imagen de Lamas recuerda a las fotografías de Sebastiao Salgado en la mina de oro de Serra Pelada. Miles y miles de personas buscando en las entrañas de la tierra la manera de vivir. ¿Puede la tierra proveer para todos? Durante la larga toma de “Eldorado XXI”, los testimonios que escuchamos refuerzan la idea de lo individual. Personas que lo han perdido todo, desarraigados de la tierra, una prostituta que con total seguridad dice “hasta el más santo peca aquí”, historias de asesinatos y cadáveres sin corazón. Un mundo imaginado por las más crudas distopías.

Eldorado XXI imagen

Este panorama desolador se ve halado en la segunda mitad por otra fuerza, la fuerza de lo comunal. Si en la primera parte sólo vemos cuerpos, entrando y saliendo de la mina, en la segunda vemos, por fin, sus caras. Y vemos que está en la naturaleza humana buscar maneras de darle sentido a cualquier situación que se presente. En este caso, los mineros buscan dar sentido a su situación con una de las estrategias más antiguas de la humanidad: el mito.

Los mitos tradicionales se entremezclan con la nueva realidad; tradición y “progreso” no se oponen, se enredan de maneras imprevisibles. Y así, la roca de donde sale el oro se vuelve sagrada, es imbuida de espíritu y es quien da y castiga. En la religión encuentran los pallaqueros (quienes escogen el mineral entre las piedras) una forma de entender ese nuevo mundo.

Como etnografía visual, “Eldorado XXI” es un documento rico en contenido. Somos testigos de cómo se construye, a partir de muchas voces, una cosmovisión alrededor de una realidad material: la mina. Y el hecho de que el documental transcurra en época electoral le da un sentido de urgencia política y social.

El documental, sin embargo, no es para todo el público. Está contado de una manera poco convencional, más como un texto académico que como una narrativa. Su ritmo es glacial, frío y hostil, como el paisaje. Pero es difícil no sentir que Lamas tiene una profunda sensibilidad hacia lo que nos hace humanos. Para quienes sean pacientes, entenderlo será suficiente recompensa.

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