Knight of Cups (2015): Reseña [Indiebo]

Knight of Cups

“Knight of Cups” empieza con un cuento. Es el cuento de un príncipe que es enviado a Egipto, al fondo del mar, a encontrar y traer de vuelta a su reino una perla preciosa. Al llegar, el príncipe es seducido por los egipcios y al recibir sus bebidas olvida de dónde vino y para qué estaba allí. El cuento es “El himno de la perla”, un poema apócrifo de los primeros siglos de la era cristiana, y en la película su narración va acompañada de imágenes de su protagonista (Christian Bale) rodeado de licor y mujeres en Los Angeles. Desde el principio, es claro que “Knight of Cups” será un viaje espiritual.

El Terrence Malick post-“The Tree of Life”, cada vez más prolífico, es un Malick más experimental, que ha dejado de lado cualquier convención narrativa para usar el cine como un instrumento de introspección espiritual. La “historia” de “Knight of Cups”, acerca de un hombre que se siente perdido entre los excesos del mundo en el que navega, es tan solo una parábola. Y como cualquier parábola, está repleta de simbolismo.

En este caso, seguimos al personaje de Christian Bale mientras recorre o recuerda distintas personas, la mayoría mujeres, que han marcado su vida y desviado (y en algún caso, guiado) de alguna manera su búsqueda espiritual. Cada persona aparece en cada uno de ocho capítulos titulados como cartas del Tarot. “La luna”, una mujer que lo invita a enloquecer con ella; “La muerte”, una mujer casada con quien parece brillar el futuro; “El juicio”, su exesposa, alejada de los excesos, con su vida puesta al servicio de los enfermos.

El recorrido nos lleva de Los Angeles a Las Vegas, con una voz en off—que a veces parece el protagonista, a veces su padre, a veces Dios—preguntándose dónde encontrará nuestro príncipe la perla que ha perdido. La respuesta parece ser doble. El alma contempla el mundo, ve su belleza, y recuerda de dónde vino, e intenta elevarse a volar, así haya perdido sus alas al caer en la Tierra. Pero el alma también puede ser ayudada por otras almas, almas más limpias, almas en donde se ve con claridad esa belleza primigenia.

Estas reflexiones, recitadas de distintas maneras una y otra vez por la voz en off, no tendrían ni una pizca del impacto que tienen de no ser por la colaboración de Malick con su director de fotografía, Emmanuel Lubezki. El lente de Lubezki y Malick es impaciente, busca a los personajes pero inmediatamente sube a buscar la luz en el cielo que rompe en dos las nubes; se obsesiona con una aurora boreal tanto como con una sólida pared de ladrillos. Parece decir que no hay una división real entre lo natural y lo artificial. Todos somos partes de la misma “creación”. Un nido de un pájaro es tan natural como un rascacielos. La perla se encuentra en un acuario y en los ojos de una compasiva Cate Blanchett.

Con su cine, Malick parece estar diciéndonos: “he encontrado que contemplando el mundo he hallado mi espíritu”. Con su cine, Malick parece estar desesperado por hacernos sentir lo mismo. Si con “The Tree of Life” nos quiso mostrar la grandiosidad del universo y la belleza de su origen, con “Knight of Cups” nos demuestra que las calles de Los Angeles y Las Vegas pueden inspirar tanto como las galaxias y los dinosaurios. Nos demuestra que no es necesaria la parafernalia, es cuestión de saber mirar. Lo bello está en lo grande, sí, pero está también aquí, en los ojos de esa persona que no nos ha dejado de amar, a pesar de todo.

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