Diario del FICCI (Día 1): La noche sórdida

#FICCI57


Tras aterrizar en Cartagena, durante los próximos tres días estaré cubriendo el festival de cine de este año con comentarios sobre las películas en competencia.

En mi primera noche en el FICCI, sólo hubo tiempo para asistir a una película: LA NOCHE, de Edgardo Castro, explora la turbidez de la noche en Buenos Aires a través de su protagonista, interpretado por el mismo director. Desde la primera escena, donde lo vemos pasando la noche con un prostituto, lo seguimos en un vórtice donde la noche estará plagada de sexo con cualquier persona, drogas, música y sordidez.

La película nos lanza dentro del estado mental del protagonista desde el primer momento utilizando primeros planos con una cámara en mano temblorosa acompañada de diálogos ininteligibles. La noche se mezcla en su cabeza como un revoltijo de personas y sucesos amorfos, pero siempre termina en una misma situación: su soledad.

Y aunque hay algunos momentos e ideas de la película que conmueven, momentos donde la vulnerabilidad del protagonista sale a flote (el abrazo nocturno por el que paga a un hombre o la ducha que toma después de una lluvia dorada no consensuada), o donde a sus amigas transexuales se les permite tener una personalidad, no es gratuito que haya contabilizado 28 espectadores que abandonaron la sala en uno u otro momento. La película de Castro es una pesadez. La rutina del protagonista noche tras noche es mostrada con extremo detalle y paciencia, y las escenas de sexo filmadas en secuencias largas y explícitas. Cuando vemos al protagonista practicar una felación en primer plano por quinta vez, es difícil encontrar un motivo justificable para que más de estas escenas no se hayan quedado en el cuarto de edición.

La cámara de Castro parece fascinada por las interacciones de estas personas durante el sexo, interacciones diferentes a lo que el cine suele mostrar, y tal vez por eso necesarias; necesarias como evitar el miedo, por ejemplo, a mostrar personajes transexuales en estas situaciones. Pero el cineasta peca en exceso y el corazón de su película, que parecía ser la soledad del protagonista, se enturbia por todo lo que lo rodea.

“¡Qué increíble! No hay porno en este televisor” dice el protagonista mientras cambia canales de televisión en un motel junto a otro hombre. Con lo que hemos visto hasta el momento, ya tenemos suficiente.

4/10

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