Diario del FICCI (Día 2): Fe, culpa y enredos

En el segundo día del festival, tuve tiempo para ver cuatro películas, tres latinoamericanas en la competencia oficial de ficción y una gema traída desde el festival de Cannes del año pasado. Las tres películas latinoamericanas fueron realizadas con actores naturales, con procesos que incorporaban sus historias personales a la narrativa que cada director-escritor quería poner en pantalla. La película argentina del día 1, “La Noche”, tenía una concepción similar. ¿Qué nos dice esto sobre el cine que se está haciendo en Latinoamérica, en las márgenes? Para los realizadores, esta parece ser una forma de alcanzar la autenticidad en las historias, y de transitar la barrera entre la ficción–ficción realista–y el documental.


Ficción, documental y magia se combinan en “Ayiti Mon Amour” (Haiti Mon Amour), de Guetty Felin. La directora haitiana-americana acudió en 2010 a su país natal tras el terremoto y allí, escuchando las historias de la gente, surgió la idea que derivaría en su primera película. “Ayiti” transita de manera libre entre historias, personajes y modos de narración; un joven que perdió a su padre en el terremoto quiere irse de la isla, contra los deseos de su madre; un escritor entra en conflicto al intentar plasmar en el papel la experiencia de sus coterráneos; una mujer busca el sitio donde su familia yace bajo tierra. Mientras tanto, transitan por la historia almas errantes que encuentran la manera de comunicarse con el mundo de los vivos.

Inspirada en el realismo mágico de Gabriel García Márquez, que vimos notablemente en forma cinematográfica hace unos años con la estadounidense “Beasts of the Southern Wild”, en “Ayiti Mon Amour” es atractiva, pero en últimas desenfocada. El sentimiento amateur de la producción y de los actores pueden apartar a más de uno de la pantalla. Como debut, “Ayiti” es una promesa de que Felin tiene ideas únicas con las cuales trabajar en el futuro (e imágenes impactantes, como la ropa que las olas llevan hasta la costa), alejándose de retratar la tragedia por la tragedia.


Una dirección distinta toma Christopher Murray con “El Cristo ciego“. A pesar de que también trabaja con actores naturales, su estilo es más austero y preciso, y su objetivo claro: deconstruir la fe.

Con la historia de un hombre en un pequeño pueblo chileno que cree ser un nuevo Cristo, Murray construye un road-movie a pie y sin zapatos, donde las religión aparece al mismo tiempo como la única salvación para las personas en las márgenes, abandonadas por todos menos por su dios, y como una mentira elaborada. Y aunque algunas de las parábolas que el protagonista cuenta en el camino tiene menos fuerza y sentido narrativo que otras, “El Cristo ciego” es concisa y convincente. “La fe llena el silencio”.


Mi película favorita hasta ahora en la competencia casi pasa desapercibida, de no ser por un par de tweets que la promocionaban y que despertaron un interés vago. “La soledad“, del venezolano Jorge Thielen Armand, es un crudo, conmovedor y bello relato sobre la Venezuela contemporánea, sumada en una crisis humanitaria que deteriora no sólo la economía sino, sobre todo, las relaciones sociales.

La película de Thielen Armand abre con imágenes de archivo de, quien suponemos, será su protagonista. Un hombre, más blanco que negro, que recuerda con nostalgia las épocas en que su visitaba la casa de campo familiar, donde permanecía el resto del año una cuidandera con su familia. El relato se transporta al presente y, en medio de la casa, casi en ruinas, vemos a la cuidandera, con más años y debilidades encima, y a su hijo, buscando la manera de sobrevivir en una situación que parece no dejarle más salida que huir. “La soledad” empieza con la voz del hijo de la jefa, pero lo que le interesa al director es darle voz a aquellos que han sido históricamente eliminados de cualquier narrativa, incluso de las narrativas de la cotidianidad (algo que muestra, de manera desgarradora y sin una palabra, en una escena con un álbum de fotos).

Criados con empleadas domésticas y tal vez afectados por una culpa involuntaria, una nueva generación de directores latinoamericanos se han dedicado a cuestionar y examinar las relaciones de poder y las diferencias de clase que se expresan en el día a día, poniendo en evidencia que el ámbito privado es un ámbito político. De Chile, “La nana”. De Argentina, “Los decentes”. De Brasil, “The second mother” y “Neighboring sounds”. De Venezuela, “La soledad”.


Para finalizar el día, una película que hace honor al título de la sección donde se está presentado: Gemas. De Park Chan-Wook, “The Handmaiden“, una comedia de enredo sorprendente, graciosa, subversiva y expertamente realizada, con el inconfundible estilo dinámico del director, acerca de una criada coreana que se ve envuelta en una red de conspiraciones al irse a trabajar para una doncella japonesa. Imperdible.

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